lunes, 16 de mayo de 2011

Dibujando un pentagrama por la ciudad - 49 km

Como ya muchos saben nuestra querida Nadezhda fue la súperganadora indiscutible del Pentagram Alleycat DF, carrera salvaje que unos locos salidos de quién sabe dónde organizaron el viernes pasado. La Nade Espacial, ahora nos comparte su experiencia sobre la carrera:

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Viernes 13, de última hora decido participar en el Pentagram Alleycat.

Reviso mi bici, no hace bien los cambios, llanta con ligera ponchadura, rin delantero chueco, gomas de los frenos desgastadas... La llevo al taller a ver si es posible cambiar las gomas, pero no, el rin chueco lo impide. Aún así me mantengo firme en participar, lo que quiero ver es cuánto hago en mi bici de todos los días, en las condiciones que la traigo.

Al llegar a la glorieta SCOP la primera en hacerme ojitos es la Domitila, la hermosa bici de Piro; de broma le pregunto si me la presta, muy serio me contesta: "Pues llévatela, nomás que aguas con el freno que bla, bla..." Miro detenidamente a Domitila, veo que además trae pedales de clip, que nunca he usado... Decido que no es buen momento para rodar con ella. En eso se acerca Estela y sin chistar ofrece: "Si quieres llévate a la Izcuintla", me brillan los ojos, lo pienso a la vez que me dice qué quitarle, qué ajustarle; incrédula pregunto: "¿Neto?", y ella con su gran sonrisa y muy segura: "¡Neto, llévatela!"... "¡Pues va!". Me doy una vuelta, la pruebo, Rogelio le ajusta el asiento, le quitamos peso, le agregamos lámparas que el buen Sergio y Alex me prestan.

De último momento reviso la ruta, el mapa queda muy alto como para planear la ruta hacia los puntos de control, alguien los dicta, pero no ubico exactamente en dónde quedan; espero a que se despeje el área del mapa, reviso el manifiesto, ahí están los puntos y el orden a seguir, medio que hago una ruta mental. Más tarde bajo el mapa, lo analizo mejor.

Llega la hora de salida, todos en sus bicis ¡a rodar!

Inicié muy conservadora, respetando semáforos y sentidos de las calles; la desesperación por los semáforos que duran siglos me hicieron pasármelos cuando veía huecos entre coches que no venían rápido; avanzaba con la bici, les hacía señas con las manos... Baja California, de no sé cuántos carriles, me hizo perder el miedo a pasarme los altos. Eso sí, casi siempre con el consentimiento de los automovilistas.

Sólo una vez estuve cerca de un percance, en la Nápoles, pasándome un alto, afortunadamente automovilista y yo tuvimos buenos reflejos y nuestros vehículos buenos frenos. En ningún momento sentí susto, la adrenalina enfriaba muy bien la sangre.

Fuera de los puntos de control, casi no me topé con competidores.

Un chavo se atrevió a decirme que le bajara o me iba a "quemar", le dije que sí y proseguí a mi ritmo. Dos veces me llamaron burra, primero un policía del MB porque me pasé un alto cuando apenas arrancaban los autos, luego un cochista que ni avanzaba sobre Cuauhtémoc. Tomé el carril confinado del MB, y durante varias estaciones en sentido contrario. Hubo lluvia llegando por segunda vez al Estadio Azul. Antes de llegar a ese punto yo ya rallaba en la euforia, gritaba. En otros momentos sólo traía una enorme sonrisa.

Terminé en primer lugar femenil, en 9º general. Toda una experiencia que volvería a repetir, sí señor.

Ahora tengo un cuadro que será armado con partes que los buenos amigos del pedal ya me han ofrecido. Y ya.

¿En qué momento la bici se volvió el eje de mi vida?

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@Nadezhda








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